Publicado: Miércoles 11/09/2013

El día en el que Zara desapareció de los diarios

Que los medios de prensa tradicionales dependen del dinero de sus patrocinadores y empresas anunciadas en sus páginas es un hecho. Que se modifique el contenido de una noticia en cuestión de minutos para eliminar un dato que podría perjudicar a un patrocinador en concreto, también, y sobradas muestras tenemos de ello. Pero que todos los periódicos se pongan de acuerdo en que el enfoque total de la noticia pervierta la realidad para favorecer la imagen general de la sociedad de consumo y evitar, así, que los lectores-consumidores se planteen el sistema en el que están inmersos es ya algo que raya la conspiranoia, y nos deja envueltos en el más tórrido de los ambientes distópicos. Sin embargo, eso es lo que ha ocurrido.

El día en el que Zara desapareció de los mediosAyer por la tarde se prendía fuego a sí mismo en el centro de Murcia un hombre que reclamaba a los Servicios Sociales la devolución de la custodia de sus hijas.

Hasta ahí llegan los titulares de los muchos medios que se han hecho eco de la escabrosa noticia. Una noticia triste y alarmante, sí, pero, obviando que se desconocen los motivos por los que le fue retirada la custodia (y que pueden resultar ser aún más escandalosos, o no), el verdadero titular y el fondo de lo noticioso debió haber surgido de otro asunto, a mi parecer, mucho más alarmante.

Lo importante del suceso se halla en los instantes inmediatos que siguieron a las llamas. Tras desplegar el protagonista del suceso una pancarta con sus reivindicaciones, rociarse con cinco litros de gasolina y prenderse fuego, varias de las personas que presenciaron el horror de la escena acudieron sin pensarlo a socorrer a la víctima, como parece lógico suponer que ocurra. Sin embargo, no todas lo hicieron.

Y aquí viene el punto matriz de este escrito: una dependienta de un comercio próximo, a la que se le solicitó una manta para poder extinguir las llamas que devoraban en ese justo momento el cuerpo del hombre, se negó a entregar la prenda porque, según sus propias palabras, “yo no puedo hacer eso”.

Ella no podía hacer “eso”.

Según aparecía anoche en el artículo de La Opinión de Murcia, una de las primeras personas que acudió a atender al herido envuelto en fuego fue un chico que en ese momento se encontraba trabajando en la calle realizando encuestas para alguna ONG. El muchacho corrió hacia una de las tiendas más próximas al suceso –desde la que podía contemplarse todo lo ocurrido– y solicitó una manta para poder apagar el fuego del cuerpo del inmolado.

Entrevistada por un periodista de La Opinión posteriormente, la empleada de la tienda expresó lo siguiente: “Ha venido corriendo y me ha dicho que si le podía dejar una manta, y eso que el chico es cliente de aquí. Pero yo no puedo hacer eso y le he dicho que no se la dejaba”. La Opinión añadía: “reconocía Mari Luz, la empleada de la tienda, en declaraciones a este periódico”.

Pues bien, la tienda en cuestión es Zara. Es de suponer que semejante comportamiento bovino por parte de una de sus empleadas ha hecho plantearse a la empresa que su imagen de marca podría resultar perjudicada. Poco después desaparecía todo rastro del incidente de la manta de Zara del diario La Opinión, y era sustituido por anécdotas de benevolencia del resto de comercios: que si Mango prestó un extintor, que si El Corte Inglés cedió otro, que si las dependientas de Stradivarius acudieron por si podían prestar ayuda (por cierto, Stradivarius pertenece a la misma cadena que Zara, el gigante Inditex de Amancio Ortega, y no tenía mención en el artículo original).

Bonzo en Murcia y Zara niega una mantaLa Opinión no es el único medio de prensa en el que la palabra Zara desaparecía de entre las líneas de su artículo-bonzo, el resto de diarios importantes actuaban de igual manera, después de que algunos lectores comentaristas pusieran el grito en el cielo por la actuación desalmada de la dependienta.

Y aquí surgen dos cuestiones. Una y principal es ¿qué tipo de empleados está generando esta sociedad, que actúan como autómatas al servicio de la empresa y, siguiendo sus dictados de no pienses-obedece, dejan de ser personas con ideas y sentimientos propios para convertirse en maquinaria útil y servil?, ¿acaso tenía miedo a perder el empleo por ofrecer una simple manta en una situación de emergencia?, ¿ni siquiera se planteó la posibilidad, humana, de pagar ella misma la prenda para socorrer a un herido mortal? No, ella “no podía hacer eso”. No estaba contemplado en el manual de buenas prácticas del buen empleado que le darían en arenga al incorporarse a la empresa.

La otra cuestión es la relativa a la prensa. ¿En qué tipo de sociedad vivimos que, con una simple llamada telefónica de una multinacional, la realidad desaparece de todos los diarios y es sustituida por un embellecedor muy al estilo de la novela 1984?

Se volatiliza en un click el dato negativo referido a Zara y es sustituido por el dato positivo protagonizado por Stradivarius. Pocos lectores se habrán dado cuenta y, además, no importa, sus voces son menores. Así, las grandes empresas que nos movilizan como hormiguitas a las colas de sus cajas de pago pueden seguir contando con nuestro beneplácito y, sobre todo, con nuestra ausencia de crítica, para que podamos continuar siendo magníficos trabajadores no pensantes, maquinitas de vender y comprar sus productos, engranaje de un sistema consumista que, bovinamente, no nos cuestionaremos.

El herido, por cierto, a falta de manta, acabó siendo envuelto en su propia pancarta, cuyo texto íntegro reivindicativo desconocemos.


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  1. [...] demasiado. Hechos que tienen que ver con la empresa del caballero más rico de este país y con la actitud de una de sus trabajadoras (a partir de ahora [...]

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