Publicado: Martes 23/09/2014

Multitudinarias protestas “inundan” la cumbre contra el cambio climático en un año récord en emisiones de CO2

La ciudad de Nueva York, donde tendrá lugar este martes la cumbre mundial contra el cambio climático, está siendo el escenario de multitudinarias protestas ciudadanas con el objetivo de darle visibilidad al grave problema del calentamiento global y de ejercer presión sobre los altos dirigentes, procedentes de todos los rincones del planeta, que se darán cita en la ciudad.

Las protestas ciudadanas rodean la cumbre mundial contra el cambio climáticoTras la masiva manifestación de este domingo, que congregó a más de 300.000 asistentes, convirtiéndose en una de las protestas más grandes celebradas hasta la fecha en la gran urbe norteamericana, este lunes miles de personas vestidas de azul decidieron marchar sobre la isla de Manhattan con el lema “Inundar Wall Street”, para protestar por el papel de las grandes corporaciones del centro financiero en el cambio climático.

Unas protestas que también han tenido lugar en más de 2.000 ciudades de otros lugares del planeta, secundando la gran marcha neoyorkina, convirtiéndose en una marcha global contra las políticas que desatienden el cambio climático.

Récord histórico en emisiones de CO2: 40.000 millones de toneladas en 2014

Para las organizaciones ecologistas, esta cumbre, impulsada por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, es especialmente determinante ya, en un momento en el que la realidad del calentamiento global ha sido constatada y se han cruzado todos los límites temporales para comenzar a atajar firmemente el problema, en un año, el 2014, en el que se batirá el récord histórico de emisiones de CO2: 40.000 millones de toneladas lanzadas a nuestra atmósfera.

Se prevé que las emisiones de CO2 procedentes de la quema de combustibles fósiles subirán un 2,5 por ciento en 2014, un 65 por ciento por encima de los niveles de 1990, el año de referencia del Protocolo de Kioto. China, Estados Unidos, la Unión Europea e India son los mayores emisores, representando en conjunto el 58 por ciento de las emisiones.

Es el resultado del estudio “Global Carbon Project”, realizado por el Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático en la Universidad de East Anglia (UEA) y la Facultad de Ingenería, Matemáticas y Ciencias Físicas de la Universidad de Exeter, en Reino Unido.

Una responsabilidad política

Según los investigadores del estudio, “los políticos reunidos en Nueva York tienen que pensar muy cuidadosamente acerca de sus decrecientes oposiciones detectadas por la ciencia del clima”, ya que “el tiempo para una evolución tranquila en nuestras actitudes hacia el cambio climático se ha terminado”.

El único modo de no precipitarnos a una situación irreversible es, para los autores del informe, reducir en más de un 5% cada año durante varias décadas las emisiones de CO2, con el objetivo de mantener el cambio climático por debajo de 2º C, lo que implicaría dejar sin utilizar en el suelo más de la mitad de las reservas de combustibles fósiles, cuya quema es la causa principal de las emisiones, seguida por la producción de cemento y la deforestación.

Un escenario desolador para 2050

La Organización Meteorológica Mundial, coincidiendo con la cumbre de Nueva York, ha lanzado también una campaña a lo largo de este mes de septiembre en la que varios conocidos presentadores del tiempo en televisión, procedentes de muchos países, se prestaron a realizar un informe meteorológico ficticio para el día 23 de septiembre del año 2050, para alertar de los posibles escenarios desoladores a los que podríamos enfrentarnos de no actuar con celeridad, al haber aumentado ya la temperatura global en 4ºC.

Los vídeos distribuidos por la organización plantean, por ejemplo, una temperatura de 35º C en Tokio por una ola de calor que ya viene dándose inusualmente a comienzos del otoño, así como terribles inundaciones en metrópolis del planeta que jamás han vivido una situación similar, o el traslado del turismo al norte de Europa, donde Islandia presentaría una vegetación propia del Mediterráneo mientras que en el Mediterráneo se alcanzarían temperaturas insufribles propias de tórridos desiertos sin agua.



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