Médicos sin fronteras sobre las residencias: “Puertas cerradas y personas golpeando, suplicando salir”

Médicos Sin fronteras (MSF) ha recogido numerosos testimonios del personal sociosanitario de residencias de mayores, directivos y trabajadores de las diferentes administraciones competentes, en el marco del apoyo que la ONG ha prestado a cerca de 500 centros de mayores durante las primeras semanas de la pandemia del coronavirus. Entre los citados testimonios destaca el de Andrés, jefe de Bomberos encargado de dirigir labores de desinfección y apoyo a la zonificación en colaboración con MSF


”Respiraban un poco –los gerentes de los centros– cuando les decías que la desinfección profunda de paredes, de suelos, de armarios, de camas, la íbamos a hacer nosotros, porque no veían cómo podían dedicarse a esto con tanto personal de baja y tantas cosas por hacer en momentos tan críticos”, indica. Según detalla Andrés a MSF, las gerencias de los centros tenían “miedo” a mover a las personas para crear zonas limpias y sucias en la residencia.

Preferían muchas veces que los mayores, mientras no hubiese resultados fiables de las pruebas, quedasen encerrados en sus habitaciones, en lugar de reagruparlos en zonas”

”Preferían muchas veces que los mayores, mientras no hubiese resultados fiables de las pruebas, quedasen encerrados en sus habitaciones, en lugar de reagruparlos en zonas, por miedo a perder el control y que todo el edificio se viese así contaminado”, comenta. ”El resultado era espantoso”, afirma Andrés, que lo recuerda como “una sucesión de puertas cerradas, en ocasiones con llave, y personas golpeando y suplicando por salir”. “Un horror”, añade.

Alba, directora de una residencia en Castilla y León, habla de “recomendaciones y protocolos que se contradicen”. “Es una confusión total y mientras tanto los residentes van cayendo enfermos y alguien tiene que atenderlos”, enfatiza. ”Nos estamos ocupando de atenciones médicas que no hemos hecho antes y aquí no viene nadie a ayudar. Hacemos los que podemos, pero aquí tiene que venir alguien que sepa de qué va todo esto”, explica Alba.

Denegación de derivaciones

En relación con la denegación de derivaciones a los servicios hospitalarios, Alejandro, enfermero en una de estas residencias, explica que en un momento dado se intentó derivar a dos residentes para los que ya no tenían medios, pero desde el hospital les confirmaron que no los admitirían. ”Me consta que nuestro médico insistió en la urgencia de esas derivaciones, pero le dejaron claro que de las residencias no se estaban haciendo ingresos. Sin más, no importaban los motivos para pedir la derivación. Los dos pacientes se murieron aquí en el plazo de dos días y, francamente, no tenía por qué haber sido así. Los dos eran recuperables”, sentencia el enfermero.


Por su parte, Magdalena, responsable de una pequeña residencia rural y enfermera, explicó lo siguiente al equipo de MSF: “Llevo dos días empalmando turno, porque no hay nadie más que pueda atender a los residentes que no me dejan enviar al hospital, y ya no puedo más”. ”Ayer se murió uno y esta noche se morirá otro si no me quedo, pero tengo que descansar para poder seguir gestionando todo esto: la mitad de la plantilla está de baja, los familiares llaman sin descanso y hay un montón de protocolos por implementar”, relataba.

Magdalena traslada a la ONG la dificultad para contratar personal sanitario. “Nadie quiere venir a trabajar a un sitio tan apartado”, afirmaba, al tiempo que añadía: “En el hospital han montado un ‘equipo COVID’ para las residencias, pero son tres personas y por aquí no han pasado”. Tampoco creía que fueran a hacer “gran cosa”. “Imagino que, como en esta residencia, se van a encontrar muchos casos y no van a prescribir derivaciones, pero al menos me podrían guiar con los tratamientos y procedimientos”, decía la responsable del centro.

La ONG ha publicado el informe ‘Poco, tarde y mal. El inaceptable desamparo de los mayores en las residencias durante la COVID-19 en España’

”Me quedaré esta noche, cómo no, y las que hagan falta. Al fin y al cabo, soy enfermera, esto es vocacional, y más aún cuando trabajas con gente mayor. Pero aquí sola no puedo hacer mucho. Aunque me quede, se seguirán muriendo”, concluía. Luisa, trabajadora social de una residencia que los equipos de MSF visitaron hasta cuatro veces dada la alta mortalidad, respondía a la pregunta de derivaciones hospitalarias: “Llamabas al hospital de referencia y te decían: ‘Lo siento, hoy solo podemos admitir a una persona de residencias, elijan ustedes’. Aun así, la ambulancia no venía a recogerla y fallecían en las pocas horas o días”.

Natalia dirige una pequeña residencia privada y rompe a llorar contando una de sus experiencias. “Un día llegó el equipo de cuidados paliativos que enviaban desde sanidad y le pusieron la primera inyección de sedación a una de las residentes que estaba muy grave y no habíamos podido referir al hospital. Antes de irse, dejaron otras dos”, asegura. ”A mí nadie me ha preparado para una situación como esa y mucho menos para que sea yo quien lo haga. Nunca le puse las inyecciones y el caso es que Ana se acabó recuperando y todavía la tenemos aquí con nosotros”, revela.


Estos y otros testimonios han sido publicados por la ONG en el informe Poco, tarde y mal. El inaceptable desamparo de los mayores en las residencias durante la COVID-19 en España, en el que MSF denuncia “graves problemas” del modelo de gestión, de coordinación entre las diferentes administraciones cuyo resultado es “el abandono de las personas más vulnerables a la pandemia y la desprotección del personal que las cuida”.


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