
Mañana, 1 de febrero, España vuelve a ser el epicentro de la vergüenza europea. Mientras otros países avanzan en el reconocimiento de los derechos de los animales, aquí seguimos protegiendo una actividad que masacra miles de galgos y podencos cada año al finalizar la temporada de caza. La evidencia de los refugios desbordados y los animales ahorcados o abandonados en cunetas es la prueba de una España que se niega a soltar sus privilegios de sangre. Apoyamos sin fisuras la movilización de la Plataforma NAC: la ética no entiende de excepciones rurales ni de lobbys de escopeta.






