
La situación de la vivienda en España ha alcanzado hoy un punto de ruptura. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos ha convocado una huelga de alquileres indefinida en Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga, afectando a más de 12.000 inmuebles propiedad de fondos de inversión y «grandes tenedores». La protesta surge tras la publicación de los datos del precio del alquiler de enero, que muestran una subida interanual del 18%, haciendo que el acceso a un hogar digno sea matemáticamente imposible para la clase trabajadora y la juventud.
La movilización de hoy no solo pide la bajada de los precios, sino la expropiación de viviendas vacías en manos de la banca. En los barrios de Lavapiés (Madrid) y El Cabanyal (Valencia), se han vivido momentos de gran carga emotiva cuando los vecinos han impedido físicamente tres desahucios programados para esta mañana. Desde nuestra visión, este movimiento representa el sentimiento de comunidad frente a la mercantilización de un derecho básico. Es la respuesta vitalista de un pueblo que se niega a ser expulsado de sus propias calles por la lógica del capital. La tensión es máxima, ya que el Gobierno se debate entre aplicar la Ley de Vivienda con mayor rigor o ceder a las presiones de los mercados financieros que amenazan con retirar inversiones del país.



