
El próximo 14 de febrero, la capital andaluza no celebrará el amor romántico, sino el amor por el barrio. Decenas de colectivos sociales han convocado una gran manifestación que partirá de la Gran Plaza para denunciar la turistificación salvaje que está expulsando a las vecinas de sus casas. La evidencia es clara: los pisos turísticos están devorando el tejido social de Sevilla. No es «progreso turístico», es una invasión financiada que convierte hogares en hoteles de paso. La respuesta será una demostración de fuerza vecinal: la ciudad es de quien la habita, no de quien la compra.







