
En un movimiento político audaz, el Consejo de Ministros ha vuelto a aprobar hoy la subida de las pensiones y un nuevo paquete de ayudas para la compra de vehículos eléctricos, integrando estas medidas en un «escudo social» que busca paliar la erosión del poder adquisitivo. Esta decisión llega en un momento de fragmentación parlamentaria máxima, donde el Ejecutivo ha optado por separar la votación de los decretos para asegurar apoyos puntuales. Es una estrategia de supervivencia política que refleja la complejidad de nuestra actual línea editorial: la búsqueda del equilibrio entre el crecimiento institucional y el bienestar del individuo.
Por otro lado, el panorama judicial español vive una jornada de reflexión tras las palabras del Rey Felipe VI, quien hoy ha destacado el respeto al Poder Judicial como la «condición esencial» de la democracia. Sus declaraciones se producen en un contexto de fuertes tensiones entre los partidos mayoritarios y las fuerzas territoriales como Junts y el PNV. La estabilidad del sistema se percibe frágil, casi como un cristal bajo presión, donde cada sentencia y cada nombramiento se leen en clave de conflicto de intereses.
Desde nuestra perspectiva, este escenario nos obliga a recordar a los científicos sociales que han pasado por nuestras páginas, quienes advirtieron que la cohesión de una sociedad no depende solo de sus leyes, sino de la confianza mutua. El apoyo a las instituciones no debe confundirse con la sumisión; apoyar es buscar que la organización crezca para servir mejor a su propósito. Hoy, 4 de febrero de 2026, España se encuentra en esa encrucijada: reformar sus estructuras económicas y sociales mientras capea un temporal que es, a la vez, meteorológico y político.





