
La situación económica de este inicio de febrero de 2026 está marcada por una extraña calma en los indicadores macroeconómicos que contrasta con la angustia en los hogares. El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener los tipos de interés estables, situando la facilidad de depósito en torno al 2%. Esta decisión busca consolidar el control sobre la inflación, que en España parece haberse estabilizado cerca del objetivo del 2%. Sin embargo, para la mayoría de la ciudadanía, y muy especialmente para las familias jóvenes, la «estabilidad» de los bancos centrales no se traduce en alivio para sus bolsillos.
El gran nudo gordiano de la economía española sigue siendo el coste de la vivienda. Los informes publicados hoy indican que el precio de los inmuebles subirá un 9,3% a lo largo de este año, una cifra que casi duplica la media europea. Esta desconexión entre los salarios y el mercado inmobiliario está generando profundos sentimientos de frustración y desesperanza en una generación que ve cómo el acceso a un hogar se convierte en un bien de lujo. A pesar de que los tipos de interés no han seguido subiendo, el «stock» de vivienda es tan bajo y la demanda tan alta que los precios siguen una senda alcista imparable.
En este contexto, el concepto de apoyar a la juventud se vuelve urgente. Apoyar a las nuevas generaciones implica crear las condiciones para que puedan independizarse y formar sus propios proyectos de vida (crecer sin ser absorbidos por el mercado). No obstante, la realidad de 2026 muestra que las familias jóvenes deben destinar, en promedio, más del 47% de sus ingresos al pago de la renta o la hipoteca, superando con creces el límite del 30% recomendado por los organismos reguladores. Esto no solo impide el ahorro, sino que genera una sensación de parálisis vital que afecta a la natalidad y al consumo interno.
Las economistas y analistas de mercado advierten que, si no hay una intervención pública que busque que la oferta de vivienda protegida crezca de forma masiva, la brecha de desigualdad seguirá ensanchándose. La estabilidad de los tipos de interés es una noticia positiva para los mercados financieros, pero es insuficiente para una sociedad donde el techo bajo el que dormir se ha convertido en el principal factor de empobrecimiento. El desafío para el resto del año será equilibrar el rigor monetario con la justicia social, asegurando que la economía «crezca» no solo en los gráficos del PIB, sino en la capacidad real de las personas para habitar sus ciudades con dignidad y sin miedo al futuro.




