
A nivel internacional, la Asociación Internacional de las Trabajadores (AIT) ha iniciado febrero con una campaña de sabotaje y acción directa contra lo que denominan el «algoritmo del hambre». Desde las secciones en Polonia (ZSP) hasta las de Australia (ASF) y España (CNT-AIT), las trabajadoras han coordinado jornadas de lucha contra las plataformas de servicios que operan bajo el modelo de falsas autónomas. El sentimiento en las asambleas es de una rabia organizada: estas empresas han diseñado un sistema que persigue y explota con especial saña a las mujeres migrantes, aprovechando su vulnerabilidad administrativa para imponer jornadas extenuantes sin ningún tipo de seguro médico o protección social.
En España, la CNT-AIT ha intensificado sus piquetes informativos frente a las sedes de grandes multinacionales de logística. Las trabajadoras denuncian que la represión sindical ha aumentado este año, con despidos fulminantes de aquellas que intentan organizar secciones sindicales independientes. La AIT se mantiene firme en su rechazo absoluto a las subvenciones y a los comités de empresa, apostando por la solidaridad entre iguales. «Si tocan a una trabajadora, nos tocan a todas», es la consigna que ha resonado este mes en los polígonos industriales de las afueras de Madrid y Barcelona, donde las militantes han logrado paralizar envíos de mercancías en protesta por el despido de varias compañeras encargadas del empaquetado.
Este movimiento global no solo busca mejoras salariales, sino la abolición de un sistema de gestión que deshumaniza a la trabajadora. Las delegadas internacionales de la AIT advierten que el capitalismo de plataforma está intentando sustituir el derecho laboral por «términos de servicio», y que la única respuesta posible es la autoorganización fuera de los cauces estatales. El sentimiento de las trabajadoras es que no hay mediación posible con quienes ven sus cuerpos como simples variables de un código informático. La lucha de este febrero es, en esencia, una lucha por recuperar la condición humana frente a la tiranía del capital digital.







