
En este febrero de 2026, las calles de las principales ciudades de Estados Unidos han vuelto a teñirse de rosa y a resonar con consignas de justicia social. Lo que comenzó como una respuesta espontánea en 2017 se ha consolidado hoy como el movimiento de resistencia civil más estructurado del país. Bajo el lema «Free America», la Marcha de las Mujeres (Women’s March) ha convocado este mes una serie de paros y movilizaciones masivas (como el Free America Walkout) para denunciar lo que las organizadoras califican como una ofensiva sistemática contra los derechos reproductivos, la libertad de prensa y la seguridad de las mujeres migrantes.
El sentimiento que impulsa estas marchas es el de una urgencia democrática. Tras un enero marcado por la retoma del poder de Donald Trump, el movimiento ha pasado de la protesta simbólica a la acción directa. Solo en la jornada del pasado 20 de enero, aniversario de la investidura, se registraron más de 450 actividades en los 50 estados, con especial incidencia en Washington D.C., Los Ángeles y Nueva York. Las trabajadoras, vestidas con los ya icónicos colores de la organización y portando la bandera estadounidense como símbolo de una «patria para todas», exigen que el Congreso detenga la implementación de políticas que amenazan con desmantelar el acceso al aborto a nivel federal y endurecer las leyes de extranjería que persiguen a las mujeres migrantes.
Uno de los puntos más críticos de este febrero ha sido la conexión entre la Marcha de las Mujeres y la defensa de la prensa local. En Portland, miles de manifestantes marcharon hacia los estudios de televisión regionales para expresar su apoyo al periodismo libre frente a la creciente hostilidad gubernamental. El sentimiento de las activistas es que la libertad de las mujeres es inseparable de la libertad de información. Además, la organización ha lanzado la iniciativa «Brave Women» (Mujeres Valientes), una red de ayuda mutua y observación ante las acciones de ICE (Inmigración y Control de Aduanas), que este mes ha intensificado sus redadas contra las mujeres migrantes en estados como Minnesota y Maine.
La Marcha de las Mujeres de 2026 no solo busca «resistir», sino proponer una alternativa política. Las ONG vinculadas al movimiento denuncian que la brecha legal de derechos entre hombres y mujeres sigue estancada en el 64% a nivel global, y utilizan estas movilizaciones para presionar por reformas judiciales profundas que protejan específicamente a las mujeres migrantes de la expulsión y el desamparo. La movilización no se detiene aquí: ya hay convocatorias masivas para el próximo 8 de marzo y acciones específicas en tribunales durante todo el mes de febrero. El mensaje es claro: en un contexto de autoritarismo creciente, la organización colectiva de las mujeres es el principal dique de contención para preservar los derechos civiles y la vida de las mujeres migrantes en Estados Unidos.



