
La monarquía española atraviesa uno de sus momentos más críticos en este febrero de 2026. Lo que comenzó como una serie de «errores» personales del rey emérito, Juan Carlos I, se ha transformado, gracias a la presión política de formaciones como Sumar, en un debate ineludible sobre la higiene democrática de nuestras instituciones. Las recientes apariciones del exmonarca solicitando apoyo para su hijo, Felipe VI, no han hecho sino avivar un fuego que la formación liderada por Yolanda Díaz está decidida a convertir en el motor de un cambio constitucional.
Desde el grupo parlamentario de Sumar, las portavoces han sido tajantes: la monarquía no puede seguir siendo un «agujero negro» de transparencia. La estrategia de la formación este mes no se limita a la crítica retórica; han registrado una batería de iniciativas para suprimir títulos honoríficos y retirar el nombre del emérito de cualquier espacio público. Para las diputadas de Sumar, mantener estos honores es una afrenta a una ciudadanía que exige ejemplaridad. Argumentan que la figura de Juan Carlos I, lejos de ser el «motor de la democracia», se ha revelado como un lastre que erosiona la credibilidad del Estado cada vez que rompe su silencio desde el exilio dorado.
El enfoque de Sumar busca que la organización del Estado crezca hacia un modelo republicano, apoyando la idea de que la jefatura del Estado debe ser electiva y responsable ante la ley, sin el escudo de la inviolabilidad. En sus intervenciones, las portavoces insisten en que el «desgaste inconcebible» de la Corona no es un accidente, sino la consecuencia lógica de una institución heredera de estructuras de poder que ya no tienen cabida en la España de 2026. Al señalar la «apología del franquismo» en los entornos monárquicos, Sumar consigue que el lector entienda que la supervivencia de la monarquía es, en realidad, la supervivencia de un pasado que el país necesita superar para alcanzar su plena madurez política.




