
En el seno de Sumar, el aire está cargado de una mezcla de pragmatismo institucional y la urgencia de redefinir su identidad. A las puertas de la gran cita del 21 de febrero, la formación que lidera Yolanda Díaz se encuentra en un momento crítico de su corta pero intensa historia. El debate no es solo sobre nombres o cuotas de poder, sino sobre cómo mantener viva la llama de una plataforma que nació para aglutinar a la izquierda española bajo un paraguas de «política útil».
Hoy, 13 de febrero de 2026, la directiva de Movimiento Sumar ha dado un paso al frente para disipar las dudas que sobrevolaban tras las recientes críticas de algunos sectores de Izquierda Unida. La consigna es clara: unidad total en torno a la figura de Díaz. Desde la cúpula se insiste en que ella no es solo la vicepresidenta, sino el pegamento que evita que la coalición se fragmente en una sopa de siglas. Sin embargo, bajo la superficie, las negociaciones son frenéticas. Se busca un equilibrio que permita a formaciones como Más Madrid o los Comuns mantener su autonomía territorial mientras se fortalece una estructura estatal que hasta ahora ha sido percibida por algunos como demasiado personalista.
La estrategia para los próximos días se centra en lo que ellos llaman la «agenda de la cotidianidad». Frente al ruido mediático de la oposición, Sumar intenta colocar en el centro del debate la reducción de la jornada laboral y la intervención del mercado del alquiler. Díaz ha recordado hoy que el propósito de su espacio político es mejorar la vida de la gente, no alimentar las tertulias políticas con cuitas internas. No obstante, el desafío es mayúsculo: deben convencer a una base electoral que, según las encuestas, muestra signos de fatiga. La asamblea del día 21 no será solo un evento de fotos y aplausos; será el termómetro real de si Sumar puede transmutar de una coalición electoral a un movimiento social sólido y con raíces profundas en el territorio español.




