
Tras el estallido de un nuevo conflicto en Irán este año, el Kurdistán Oriental, al igual que otras regiones del país, ha experimentado un giro notable en su atmósfera general. Con la primera oleada de ataques, han emergido comportamientos colectivos similares a los vistos durante las protestas de junio de 2025. Sin embargo, esta vez, los informes sobre la muerte de Alí Jameneí han tenido un impacto distinto, sembrando nuevas semillas de alegría y esperanza en el corazón de la población.
Tensión bajo el fuego y desconfianza en el Gobierno
A medida que los ataques y explosiones se intensificaban en Irán, se avistaron drones y aviones de combate sobrevolando las ciudades del Kurdistán Oriental, lo que desató una ansiedad generalizada. El temor a una guerra a gran escala creció tras las explosiones que sacudieron Urmía, Ilam, Javanrud, Kermanshah, Baneh y Kamyaran, entre otras ciudades. Las escuelas cerraron inmediatamente tras las clases vespertinas, mientras el gobierno no descartaba una mayor escalada.
Las redes de internet y telefonía móvil sufrieron cortes, y las interrupciones en los canales por satélite dificultaron el acceso a la información, aumentando la confusión. Se han registrado largas colas para conseguir combustible durante las 24 horas en todas las ciudades, así como filas para el pan y una demanda creciente de alimentos básicos. Los ciudadanos afirman que esta actitud deriva de una falta total de confianza en el gobierno.
«Samia K.» relata: «Estamos seguros de que la gente no recibe apoyo gubernamental en emergencias. El aumento de precios y la pobreza en medio de estas guerras son problemas extremadamente graves. Las tiendas solo venden productos básicos y baratos; la mayoría apenas puede permitirse galletas, pasta y algunas conservas».
Celebraciones y resistencia civil
Las celebraciones del 28 de febrero dejaron escenas impactantes en varias ciudades kurdas. La gente salió a las calles con fuegos artificiales, bailando de alegría ante la noticia de la muerte de Jameneí, incluso antes de su confirmación oficial. En ciudades como Mahabad, Sardasht, Saqqez y Bukan, las señales de júbilo incluyeron caravanas de coches y reuniones familiares a pesar de las redes de comunicación debilitadas.
Las fuerzas gubernamentales intentaron contener los festejos desplegándose en espacios públicos para dispersar las concentraciones. Se informa de que se escucharon disparos en ciertas áreas, lo que aumentó la tensión. No obstante, las celebraciones han continuado en grupos pequeños, mercados y centros comerciales. Muchos optaron por visitar las tumbas de los asesinados en el levantamiento de 2022 (Mujer, Vida y libertad), renovando su compromiso con su sacrificio.
Simultáneamente, el anuncio de un cierre de siete días por el luto oficial tras la muerte de Jameneí puso a los comerciantes bajo presión directa de las fuerzas de seguridad. A pesar de las amenazas, muchos se negaron a cumplir la orden y mantuvieron sus negocios abiertos como una expresión clara de rechazo a las decisiones impuestas por el régimen.
Ambigüedad y brotes de esperanza
Aunque la noticia de la muerte de Jameneí provocó alegría, la incertidumbre domina el ánimo público. Muchos celebran la caída de un símbolo de la dictadura, pero persisten preocupaciones profundas sobre el futuro. Los residentes recuerdan las secuelas de la Revolución de 1979 y la subsiguiente represión en el Kurdistán Oriental, lo que refuerza el temor a que se repitan escenarios similares. La desconfianza en el sistema actual y el escepticismo ante las posiciones de Estados Unidos son también preocupaciones destacadas.
Muchos ven la partida de Jameneí como un punto de inflexión simbólico que revive la esperanza de cambio. Quienes celebran enfatizan que su compromiso con la lucha y la resistencia es lo que les da la fuerza para enfrentar la fase venidera, por incierta que sea.
Publicado originalmente en inglés por Jinha Agency el 02/03/2026.




