
La reacción de la formación que dirige Santiago Abascal ante la atención sanitaria a personas migrantes ha desatado una ola de indignación. Los datos de su última iniciativa parlamentaria confirman la intención de Vox deexclusión total de este colectivo del sistema público. Sujetos como Javier Ortega Smith y Juan García-Gallardo han liderado el discurso que vincula la saturación hospitalaria con la población extranjera, a pesar de que los hechos demuestran que el problema es la falta de recursos gestionados por ellos mismos.
Los hombres de la organización y el señalamiento sanitario
La estrategia de la exclusión: El ideólogo Jorge Buxadé y el portavoz Ignacio Garriga han insistido en que la salud pública debe priorizar a los nacionales, una medida de ingerencia ideológica que los expertos señalan como un riesgo para la salud colectiva. Estos sujetos operan bajo la premisa de que el derecho a la salud no es universal.
Datos contra el bulo: Los informes técnicos desmienten la tesis de Vox. Sin embargo, nombres como Pep Figueroa o David García han mantenido la presión en los parlamentos regionales para retirar tarjetas sanitarias, provocando una asfixia burocrática que afecta a los más vulnerables.
La respuesta interna: Mientras figuras como Rocío Monasterio o Pepa Millán ejecutan la comunicación oficial de la formación, la dirección masculina impone una hoja de ruta donde la sanidad se convierte en una herramienta de control migratorio.
«Señalar al migrante como culpable del deterioro de la sanidad es la gran mentira de Vox. Los nombres y los datos de quienes votan contra la salud universal son los mismos que buscan desmantelar lo público para todos».
Esta noticia es un llamamiento a la izquierda actuante: comparte estos datos y comenta para frenar el odio en nuestras instituciones. El voto contra Vox es la única defensa de una sanidad para personas, sin distinción de origen.




