
La tensión en el seno del Gobierno de coalición ha alcanzado un punto de máxima fricción este sábado. La relación profesional entre el nuevo vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, atraviesa su momento más crítico desde la última remodelación del Ejecutivo. El choque competencial y las profundas discrepancias ideológicas sobre la reforma de la jornada laboral han abierto una brecha que amenaza la estabilidad legislativa del bloque progresista.
El origen del conflicto reside en la firme determinación de Yolanda Díaz de acelerar la reducción por ley de la jornada laboral a 37,5 horas semanales sin merma salarial, una medida que Carlos Cuerpo observa con recelo. El vicepresidente primero, alineado con las tesis de la OCDE y el Banco de España, sostiene que cualquier modificación de este calado debe contar inexcusablemente con el aval de la patronal liderada por Antonio Garamendi (CEOE), para evitar un impacto negativo en la productividad y en el PIB nacional en un contexto de incertidumbre bélica internacional.
Fuentes cercanas a la Moncloa confirman que el presidente Pedro Sánchez ha tenido que intervenir personalmente para mediar en las últimas reuniones del Consejo de Ministros. Mientras el sector del PSOE prioriza la ortodoxia económica y el diálogo social tripartito, desde Sumar acusan a los socialistas de plegarse a los intereses empresariales y de bloquear una de las banderas sociales más ambiciosas de la legislatura.
La disputa no se limita a las horas de trabajo. Carlos Cuerpo, quien ha ganado peso político tras su ascenso a la vicepresidencia primera, pretende centralizar el diseño de los próximos Presupuestos Generales del Estado, limitando el margen de maniobra de los ministerios gestionados por Sumar. Por su parte, Yolanda Díaz ha endurecido su discurso, consciente de que la cohesión de su formación depende de lograr victorias tangibles frente a la línea de actuación del ala socialista del Gobierno.




