
El presidente del Gobierno parodia el lema de Donald Trump con el mensaje ‘Make Science Great Again’ en un vídeo viral que marca el inicio de una ofensiva ideológica contra el negacionismo y la escalada bélica en Oriente Próximo.
REDACCIÓN / MADRID
En un movimiento que combina la comunicación política moderna con un dardo directo a la línea de flotación del populismo conservador, Pedro Sánchez ha vuelto a situarse en el centro del debate internacional. El presidente del Gobierno ha difundido un vídeo en sus redes sociales en el que, luciendo una gorra roja que imita la estética de los seguidores de Donald Trump, lanza un mensaje rotundo: «Hagamos la ciencia grande otra vez» (Make Science Great Again). El gesto, cargado de ironía, no es solo una anécdota digital, sino una declaración de intenciones frente al regreso de las políticas negacionistas y el belicismo que emana de la Casa Blanca.
La prenda, un regalo de la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, tras la última Cumbre del Clima, se ha convertido en el símbolo de una nueva etapa de resistencia del Ejecutivo español. Sánchez, montando en bicicleta en un entorno natural, utiliza la parodia para confrontar dos modelos de sociedad opuestos: el que abraza el conocimiento científico y la diplomacia frente al que se sustenta en las noticias falsas y la fuerza militar.
La ciencia como escudo frente al negacionismo
El uso de la gorra roja es una respuesta directa a la creciente influencia de las teorías conspirativas y los movimientos antivacunas que han ganado terreno en el entorno de la Administración Trump, especialmente bajo la sombra del vicepresidente J.D. Vance. En su intervención, el líder del PSOE subraya que la inversión en I+D no es un gasto, sino el único camino para garantizar el bienestar de las generaciones futuras.
España, que cerró el ejercicio de 2024 con un gasto histórico en investigación superior a los 23.900 millones de euros, busca erigirse en el refugio europeo para el talento que huye de los recortes federales en Estados Unidos. Según datos recientes, el 75% de los científicos en el país norteamericano han expresado su temor por la pérdida de fondos federales y el desmantelamiento de infraestructuras sanitarias clave, un fenómeno que Madrid pretende aprovechar para consolidar su propio ecosistema de innovación.
«No a la guerra»: El eje de la nueva ofensiva diplomática
Más allá de la parodia estética, el mensaje de Sánchez tiene una profundidad geopolítica inmediata. En las últimas semanas, el Gobierno español ha endurecido su discurso contra la intervención de Washington en el conflicto de Oriente Próximo. Al lucir la gorra en un tono distendido, el presidente también envía un mensaje de firmeza: España no se doblegará ante las presiones de los aliados que apuestan por la escalada militar en lugar de la paz.
«Cuando España dice no a la guerra, no solo habla un Gobierno. Habla una sociedad», ha reiterado el líder socialista en una misiva dirigida a la militancia. Este posicionamiento busca diferenciar claramente al PSOE de la «ambigüedad» que los socialistas atribuyen al Partido Popular en política exterior. Para la Moncloa, la defensa de la paz y la legalidad internacional es una seña de identidad que choca frontalmente con el nuevo orden transatlántico que intenta imponer el presidente número 47 de los Estados Unidos.
Un choque de trenes en la OTAN y la economía
La relación entre Sánchez y Trump vive su momento más bajo tras la reciente cumbre de la OTAN en La Haya. En aquel encuentro, el mandatario estadounidense amenazó abiertamente con represalias económicas si España no elevaba su gasto militar por encima del 2,1% del PIB, una cifra que el presidente español defiende como suficiente para garantizar la seguridad y el Estado de bienestar de forma equilibrada.
El gesto de la gorra roja llega en un martes donde la economía global siente el impacto de esta tensión. La OCDE ha rebajado ligeramente las previsiones para España debido al encarecimiento de la energía derivado de la inestabilidad en el golfo Pérsico, situando el crecimiento en un 2,1%. En este contexto, Sánchez utiliza la comunicación directa para movilizar a su base electoral, presentándose como el baluarte de los valores progresistas europeos frente a la «ola reaccionaria» que cruza el océano.
Reacciones y estrategia electoral
La respuesta de la oposición no se ha hecho esperar. Desde las filas del PP, se ha calificado el vídeo de «frivolidad» en un momento de crisis internacional, mientras que algunos sectores de Vox ven en el gesto un insulto a sus aliados en Washington. Sin embargo, para los estrategas de la Moncloa, el impacto visual de la gorra roja cumple su función: dominar la conversación pública y forzar a los ciudadanos a elegir entre «ciencia o prejuicios».
El vídeo ha acumulado millones de visualizaciones en pocas horas, confirmando que la parodia es hoy una herramienta de combate político tan eficaz como un discurso parlamentario. Al reírse de la gorra, Sánchez no solo se ríe de un accesorio de moda, sino que intenta desactivar la mística de un movimiento que considera una amenaza para la democracia liberal. La batalla por el relato está servida, y en esta ocasión, se libra con una gorra roja y un mensaje de optimismo basado en la razón.




