
Los datos publicados este mes de marzo de 2026 por la consultora Audemus, basados en el relevamiento global de la ONUDI, confirman una contracción estructural en el tejido productivo de Argentina. El sector manufacturero ha acumulado una caída del 7,9 % en el bienio 2024-2025, posicionando al país como el segundo con peor desempeño industrial entre las 56 naciones analizadas, superado únicamente por Hungría, bajo la administración de Viktor Orbán.
Destrucción del tejido empresarial y empleo
El impacto más visible de esta recesión se refleja en la desaparición de unidades productivas. Según los registros del sistema de seguridad social, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, un total de 2.436 empresas manufactureras dejaron de operar. Esta cifra representa aproximadamente el 5 % del total de firmas industriales del país.
Este cierre de empresas ha tenido un correlato directo en el mercado laboral formal. Se estima que en este periodo de 24 meses, la industria argentina ha perdido cerca de 73.000 puestos de trabajo registrados. Otros informes, como el de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, elevan esta cifra hasta los 100.000 empleos perdidos si se incluye el primer trimestre de 2026, lo que equivale a una destrucción diaria de 160 puestos de trabajo en el sector fabril.
Capacidad instalada en mínimos históricos
La actividad de las fábricas que permanecen abiertas también muestra señales de debilidad. La utilización de la capacidad instalada industrial se situó en un promedio del 57,9 % durante el último año, el registro más bajo de la década si se exceptúa el periodo de confinamiento por la pandemia en 2020.
Los sectores más afectados por esta parálisis son:
Metalmecánica y metalurgia: con caídas interanuales superiores al 10 %.
Textil e indumentaria: muy golpeados por la caída del consumo interno.
Cuero y calzado: que registra la mayor tasa de cierre de empresas (un 16,4 % menos de firmas activas).
Contraste regional y sectorial
Mientras la industria manufacturera argentina retrocede, sus vecinos regionales han mostrado una tendencia opuesta. En el mismo periodo analizado, la producción industrial de Brasil creció un 3,5 % y la de Chile un 5,2 %.
Dentro de la propia economía argentina se observa una dualidad marcada. Mientras el sector industrial sufre su peor caída en décadas, actividades vinculadas a la exportación de materias primas, como la agricultura y la minería, han mostrado signos de recuperación durante la gestión de Milei. Esta divergencia subraya un proceso de desindustrialización acelerada, donde el modelo económico actual parece favorecer la primarización de la economía en detrimento del valor agregado manufacturero.
Reacción de los sectores productivos
La Unión Industrial Argentina (UIA) ha manifestado su malestar ante la falta de políticas industriales activas y la apertura comercial acelerada, que en muchos casos se realiza sin criterios de protección sectorial. Los empresarios señalan que la apreciación del tipo de cambio y el encarecimiento de los costos operativos en dólares han minado la competitividad del producto nacional frente a las importaciones.




