
La Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional ha desarticulado una trama criminal enquistada en la propia institución, donde un mando policial, cuya función teórica era combatir el narcotráfico, actuaba en realidad como el principal proveedor de un clan dominicano. El agente detenido aprovechaba su posición de poder y el acceso privilegiado a los depósitos judiciales para sustraer grandes cantidades de cocaína que ya habían sido retiradas del mercado en operativos previos.
Los hechos revelan una traición sistemática a la seguridad pública. El oficial no solo robaba la droga bajo custodia, sino que manipulaba de forma fraudulenta los registros oficiales y sustituía los fardos de estupefacientes por sustancias falsas para engañar a los controles de inventario. Esta operativa permitía que la droga incautada volviera a las calles de la mano de organizaciones criminales, generando beneficios ilícitos masivos para el mando policial y sus cómplices.
Además del tráfico de sustancias, la investigación señala que este funcionario vendía información confidencial al clan dominicano. El mando alertaba a los delincuentes sobre investigaciones en curso, seguimientos y entradas y registros inminentes, actuando como un informante a sueldo que garantizaba la impunidad de la banda. Este comportamiento ha dinamitado meses de trabajo de otros agentes, poniendo en peligro la integridad de operativos enteros y la vida de quienes luchan contra las mafias.
La gravedad del caso reside en la estructura de poder utilizada. El detenido utilizaba su placa para facilitar la logística del clan, blanquear capitales y asegurar que la mercancía robada llegara a los puntos de venta sin interferencias. Se le imputan delitos de tráfico de drogas, cohecho, revelación de secretos y pertenencia a organización criminal, enfrentándose a penas de prisión que reflejan la extrema deslealtad cometida contra el Estado y la ciudadanía.




