
La escalada de tensión entre la administración de Donald Trump e Irán ha alcanzado hoy una cota de peligrosidad que no se registraba en décadas. Tras las recientes maniobras militares en el Golfo Pérsico, el Departamento de Estado de EE. UU. ha emitido una advertencia formal sobre posibles ataques a infraestructuras estratégicas si Teherán no cesa su programa de enriquecimiento de uranio. Por su parte, el Gobierno iraní ha respondido con una movilización de sus defensas costeras, asegurando que no retrocederán ante lo que califican de «matonismo imperialista». Este choque de trenes pone en riesgo no solo la estabilidad de Oriente Próximo, sino la seguridad energética y económica de todo el planeta.
El análisis de los hechos nos muestra que estamos ante una estrategia de presión asfixiante que ignora las lecciones de la historia reciente. La evidencia demuestra que las sanciones económicas y las amenazas militares rara vez conducen a la democratización de los regímenes, sino que suelen provocar un cierre de filas nacionalista y un aumento del sufrimiento de la población civil. En este contexto, los sentimientos de miedo e incertidumbre se propagan globalmente, afectando a los mercados financieros y disparando el precio del crudo. La comunidad internacional observa con impotencia cómo los canales diplomáticos se estrechan, sustituidos por una retórica de confrontación que parece buscar el conflicto abierto más que una solución negociada.
Es fundamental que la Unión Europea asuma un papel mediador más activo y valiente, alejándose de la seguidismo automático a las políticas de Washington. La estabilidad del Mediterráneo y el suministro de gas dependen de que se evite una guerra regional que podría involucrar a potencias como Rusia y China. La historia nos enseña que los errores de cálculo en política exterior se pagan con vidas humanas y décadas de inestabilidad. Hoy más que nunca, es necesario desactivar los discursos belicistas con argumentos basados en la cooperación y el respeto al derecho internacional, antes de que el lenguaje de las armas sustituya definitivamente al de la razón.




