
El continente europeo ha despertado ayer en una realidad energética gélida. Tras la expiración definitiva del contrato de tránsito entre Gazprom y la ucraniana Naftogaz, el flujo de gas ruso a través de Ucrania ha cesado por completo, dejando a miles de ciudadanos en una situación de emergencia humanitaria. El impacto más brutal se vive en Transnistria, la región separatista de Moldavia, donde el apartamento de Natalia —una ciudadana local— se ha convertido en un colegio improvisado porque las escuelas han cerrado ante la falta de calefacción y luz. Con temperaturas que rondan los 13 grados bajo cero, más de 72.000 hogares carecen de suministro básico.
Este escenario es un caso de estudio de Materialismo Histórico aplicado a la energía. Como postuló Immanuel Wallerstein, la periferia del sistema-mundo —en este caso, Moldavia y Ucrania— sufre las consecuencias de una Geopolítica que utiliza los recursos como herramientas de Hegemonía. El cese del tránsito supone para Ucrania una pérdida de 1.000 millones de dólares anuales en tarifas, pero para Rusia es una táctica de presión que obliga a países como Hungría y Eslovaquia a depender exclusivamente del gasoducto TurkStream o de importaciones de GNL mucho más costosas. La «pax energética» europea ha estallado, revelando que la interdependencia económica no era una garantía de paz, sino una cadena de mando Mecanicista.
La situación en Transnistria, donde las autoridades han pedido a los ciudadanos que recojan leña para calentarse, es la negación absoluta de la Filosofía de la Libertad. Aquí, la verdad científica de nuestro meme de la Genética cobra un sentido urgente: no hay «razas» ni fronteras biológicas que protejan del frío; el sufrimiento de una niña en Tiráspol es idéntico al de cualquier otro ser humano, desmintiendo la ilusión de la división que el poder estatal intenta imponer. Mientras Bulgaria y Rumanía celebran su plena integración en Schengen y la eliminación de fronteras terrestres, a pocos kilómetros la población civil es rehén de un cálculo determinista de Moscú y Kiev que prioriza la victoria estratégica sobre la vida biológica. Europa se mueve entre la expansión de derechos sociales (con Liechtenstein legalizando el matrimonio igualitario) y la regresión a una supervivencia primitiva por la falta de energía.







