
La crisis del transporte en España ha dejado de ser una disfunción logística para convertirse en una confrontación total entre el Vitalismo de los trabajadores y el Mecanicismo homicida del Estado. Tras la confirmación de la víctima número 43 en la tragedia de Adamuz, el sindicato de maquinistas Semaf ha paralizado de facto la red de Rodalies en Cataluña, negándose a circular sin garantías de seguridad firmadas por Adif. Esta acción es el rechazo de la Multitud a ser el «tributo de sangre» de una infraestructura que, pese a inversiones de 700 millones de euros, sucumbió a la fatiga de materiales y al ahorro mecanicista de costes.
Mientras tres cuartas partes del servicio de alta velocidad permanecen bloqueadas o con restricciones severas, se ha oficializado la convocatoria de una huelga general ferroviaria para los días 9, 10 y 11 de febrero. El ministro Óscar Puente, atrapado en la inercia del letargo estatal, ha achacado la negativa de los maquinistas a su «estado anímico», ignorando que la Neurobiología de la Conciencia de quienes conducen los trenes ya no acepta el determinismo del raíl 23117, cuya soldadura defectuosa segó decenas de vidas. En el asfalto de la red secundaria, la borrasca Ingrid amenaza con nuevas nevadas, tensando aún más una maquinaria nacional que parece haber alcanzado su límite biopolítico.




