De «extrema derecha y abonado al racismo», así define «The Economist» a Vox

The Economist describe a Vox como un «partido de extrema derecha» que «hace cada vez más campaña contra la inmigración irregular» ante la disminución de las tensiones en Cataluña por el proceso separatista en ese país. En su último número, el semanario británico publica un artículo titulado Spain needs immigrants, but still wants them (España necesita a los inmigrantes, pero todavía los quiere), en el que también considera «una paradoja» que al partido liderado por Santiago Abascal le vaya «particularmente bien en las zonas de la costa mediterránea donde los agricultores dependen de los trabajadores marroquíes y africanos para la cosecha».

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A pesar de la postura de Vox, The Economist señala que España es un país que sigue siendo «acogedor» y «tolerante». También señala que, según recientes encuestas, el 56% de los ciudadanos considera la migración como algo «positivo». A pesar de estas cifras, el semanario británico asegura que se enfrenta a «una prueba y una elección».

En este reportaje, aparecido en la sección de Europa de la edición impresa bajo el título «La evidencia de la tolerancia», The Economist destaca el «clima político cambiante» en el que está inmersa España. Asimismo, y aunque asegura que el racismo «no es un monopolio de Vox», se ha producido un aumento de las agresiones racistas, «aunque siguen siendo poco frecuentes».

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La prueba consiste en «garantizar la integración de la segunda generación, cada vez más numerosa, con éxito». Tras calificar de «advertencia» los atentados terroristas de 2017 en Cataluña «perpetrados por un grupo de jóvenes que llegaron de Marruecos siendo niños», señala que «estudios más recientes han constatado un mayor riesgo de abandono escolar de los niños inmigrantes». También explica que «son pocos los puestos de trabajo de alto nivel que ocupan los inmigrantes africanos o sus hijos, por lo que los modelos de conducta son escasos».

En cuanto a la elección, se trata de «admitir más inmigrantes». «Algunos dicen que España los necesita. Incluso más que en la mayoría de los países ricos, porque la tasa de fecundidad de España ha caído en picado, pasando de tres hijos por mujer en 1964 a 1,2 en la actualidad. Así que, en el futuro, menos trabajadores tendrán que mantener a muchos más pensionistas, a menos que España aumente la edad de jubilación o deje entrar a más jóvenes inmigrantes, o ambas cosas», explica The Economist.

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