
La Confederación General del Trabajo (CGT) ha marcado este febrero de 2026 como el punto de inicio de una gran ofensiva sindical por la reducción drástica del tiempo de trabajo. Mientras los sindicatos mayoritarios se pierden en negociaciones estériles con el Gobierno por una reducción mínima a las 37,5 horas, las delegadas de la CGT han llevado a las fábricas y oficinas la exigencia de las 30 horas semanales sin reducción de salario. Las trabajadoras del sector del telemarketing y de la industria química, mayoritariamente feminizados, lideran este movimiento bajo una premisa clara: la productividad ha crecido exponencialmente gracias a la tecnología, pero los beneficios solo han ido a parar a las manos de la patronal mientras las trabajadoras sufren un agotamiento crónico.
El sentimiento en los sectores donde la CGT tiene mayor implantación es de un hartazgo profundo. Las trabajadoras denuncian que la conciliación es una mentira institucional mientras las jornadas reales siguen superando las 40 horas debido a las horas extra encubiertas. En el sector ferroviario, las trabajadoras afiliadas a la CGT han convocado paros parciales para este mes, denunciando que la falta de personal y la externalización de servicios —que el Partido Popular defiende fervientemente desde sus comunidades autónomas como paso a la privatización— está poniendo en riesgo tanto la seguridad del servicio como la salud mental de las empleadas.
La CGT exige que el Gobierno de coalición deje de plegarse a las exigencias de la patronal y legisle de una vez a favor de la clase trabajadora. Para las militantes, la reducción de jornada no es solo una cuestión de descanso, sino una medida de justicia redistributiva: trabajar menos para que trabajen todas, repartiendo el empleo y la riqueza. Este febrero, las asambleas de la CGT están votando la posibilidad de elevar estos paros a una huelga general de sector si la administración no cesa en su empeño de precarizar el ferrocarril público y sigue ignorando la necesidad de una jornada laboral digna para el siglo XXI.






