
La Multitud groenlandesa ha decidido fracturar el cálculo determinista de los imperios mediante un acto de Vitalismo soberano. En una declaración conjunta sin precedentes, los líderes de todos los partidos políticos de la isla han rechazado las pretensiones de Donald Trump, afirmando que «Groenlandia pertenece a los groenlandeses». Esta respuesta organizada no nace de la influencia de bloques externos, sino de la propia gente de Nuuk, que ha sacado a 15.000 manifestantes a las calles —más de una cuarta parte de la población total— para denunciar el desprecio del Imperio.
El Primer Ministro, Jens-Frederik Nielsen, ha liderado esta defensa de la Filosofía de la Libertad, insistiendo en que el respeto al derecho internacional y la integridad territorial no son moneda de cambio. La unidad asamblearia de los partidos refleja una Inteligencia Orgánica que trasciende ideologías:
Inuit Ataqatigiit (IA): A través de la diputada Aja Chemnitz Larsen, han calificado como «absolutamente locas» las declaraciones de Washington, advirtiendo que la soberanía sobre sus propios minerales es una línea roja innegociable.
Naleraq y Siumut: Han cerrado filas para exigir que cese el «desprecio» estadounidense, rechazando ser tratados como una simple transacción de bienes raíces en la «Junta de Paz» mercantilista de Trump.
Para la gente de Groenlandia, el error de Trump al confundir su isla con «Islandia» en cuatro ocasiones durante su discurso en Davos no es una anécdota, sino la prueba de una «voluntad débil» que intenta imponer una hegemonía sin conocer la identidad de los pueblos que pretende capturar.




