
Hoy, con la vista puesta en el próximo 22 de febrero, Día de la Igualdad Salarial, los principales sindicatos y observatorios sociales han hecho públicos datos que invitan a una reflexión urgente. La brecha salarial en España se ha estancado en torno al 20%, una cifra que, a pesar de los avances legislativos de los últimos años, parece haber chocado con un muro estructural difícil de derribar.
El informe presentado hoy por las líderes sindicales de UGT y CCOO es demoledor: de media, las trabajadoras en España perciben unos 5.158 euros menos al año que sus compañeros. Esta diferencia no se explica únicamente por una discriminación directa —pagar menos por el mismo trabajo—, que es ilegal, sino por una suma de factores que componen lo que las expertas llaman la «arquitectura de la desigualdad». El factor principal sigue siendo la parcialidad involuntaria. El 22% de las empleadas tiene contratos de jornada reducida, frente a apenas un 7% de ellos, y en la inmensa mayoría de los casos, esta reducción viene impuesta por la necesidad de atender cuidados familiares.
Otro aspecto crítico analizado hoy es el sistema de complementos salariales. Las estadísticas muestran que los pluses por disponibilidad, nocturnidad o peligrosidad están diseñados bajo patrones que favorecen la trayectoria laboral masculina, mientras que las tareas de los sectores más feminizados, como la limpieza, los servicios sociales o la educación infantil, carecen de estos incentivos. En el sector de la sanidad y los servicios sociales, curiosamente, la brecha ha crecido levemente este último año, situándose cerca del 23%, lo que demuestra que estar en un sector mayoritariamente femenino no garantiza la igualdad retributiva si las estructuras de mando y los complementos siguen sesgados.
Las portavoces sociales han hecho un llamamiento a la inspección de trabajo para que se persiga el incumplimiento de los planes de igualdad en las empresas de más de 50 trabajadores. No basta con tener un registro retributivo; es necesario que las empresas justifiquen cada euro de diferencia. La demanda es clara: para cerrar la brecha, no solo se necesitan mejores salarios mínimos, sino un sistema público de cuidados que libere tiempo para las trabajadoras y una transparencia total en las nóminas que impida que la desigualdad siga oculta tras los conceptos variables del salario.




