
El grupo rebelde Ansar Allah, conocido como los hutíes, ha formalizado este sábado su entrada en el conflicto regional al lanzar una ofensiva coordinada con misiles balísticos y drones hacia el sur de Israel. La organización armada, que controla gran parte del territorio de Yemen, ha justificado estas acciones como una respuesta a la intervención militar en Irán, elevando el riesgo de una conflagración a gran escala en todo el mar Rojo.
El portavoz militar de los insurgentes yemeníes, Yahya Saree, confirmó mediante un comunicado oficial que sus fuerzas ejecutaron «una operación militar a gran escala» dirigida contra objetivos estratégicos en la ciudad de Eilat. Aunque los sistemas de defensa antiaérea Arrow de Israel lograron interceptar la mayoría de los proyectiles sobre el mar Rojo, el ataque ha obligado a activar las alertas de población civil en todo el sur del país.
Simultáneamente, la tensión ha escalado en aguas internacionales. El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha informado de un ataque contra un buque de apoyo logístico de su Armada que navegaba cerca de las costas de Omán. Según el informe preliminar, el ataque —reivindicado indirectamente por facciones aliadas de los hutíes— ha causado daños materiales y heridas a quince militares estadounidenses, quienes han sido evacuados a bases seguras en Arabia Saudí.
Esta maniobra de Yemen busca asfixiar una de las arterias comerciales más importantes del mundo. El control de los hutíes sobre el estrecho de Bab el-Mandeb complementa el bloqueo parcial que sufre el estrecho de Ormuz, situando la logística global en una situación de vulnerabilidad extrema. Ante esta amenaza, el presidente Donald Trump ha sugerido desde Miami la posibilidad de autorizar «operaciones de represalia quirúrgicas» si el flujo comercial hacia Occidente sigue viéndose comprometido por las milicias yemeníes.




