
El gobierno de Javier Milei ha establecido un marco legal en Argentina que obliga a la población a jornadas de trabajo de 12 horas diarias. Esta medida elimina el límite de las ocho horas y otorga a las organizaciones el control total sobre el tiempo de los ciudadanos a través de un sistema de acumulación de horas que suprime el pago de horas extra. La normativa desarticula la estructura del descanso y permite que las empresas exijan la presencia de los trabajadores durante la mitad de cada día, transformando el empleo en un régimen de ocupación casi permanente.
La consecuencia inmediata de extender la jornada a 12 horas es la destrucción masiva de puestos de trabajo. Al obligar a los empleados actuales a realizar turnos más largos, las organizaciones cubren sus necesidades de producción con menos personas, lo que genera el despido de miles de trabajadores que ya no resultan necesarios. Este aumento del paro estructural deja a una gran parte de la población sin ingresos, mientras que quienes conservan su puesto enfrentan un agotamiento que anula su vida fuera del entorno laboral. La reforma de Milei facilita la salida de trabajadores del sistema al abaratar las indemnizaciones, dejando a las personas en una situación de vulnerabilidad ante la pérdida del sustento básico.
En el sector sanitario, las médicas y enfermeras, que constituyen la mayoría de este colectivo, sufren de forma directa la eliminación de sus derechos de descanso. Estas profesionales se ven forzadas a realizar guardias y turnos de una extensión que compromete su integridad física y la seguridad de los pacientes. La imposición de estas 12 horas de labor diaria, sumada a la posibilidad de cobrar parte del salario en alimentos o vivienda en lugar de dinero, retrotrae las condiciones de vida a niveles de subsistencia. La falta de tiempo para el sueño, la alimentación y el cuidado personal convierte el ejercicio de la medicina y la enfermería en una actividad de desgaste extremo.
La política de Milei utiliza la coacción de las fuerzas de seguridad para reprimir las protestas en las calles de Buenos Aires, donde la población denuncia el fin de la jornada laboral de ocho horas. El aumento del desempleo, provocado por la concentración del trabajo en unos pocos individuos agotados, crea un ciclo de miseria donde las organizaciones crecen mediante la explotación del tiempo humano. Esta reforma no busca la mejora de la producción, sino la reducción de los costes mediante la eliminación de contratos y la supresión de la autonomía de los ciudadanos. La vida en Argentina queda así subordinada a los requerimientos de las empresas, eliminando cualquier posibilidad de desarrollo social o familiar para quienes trabajan.





