
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el nuevo presidente del Consejo Europeo, António Costa, han mantenido una reunión clave para definir lo que denominan «Soberanía Europea Competitiva». Este concepto busca alejar a la Unión Europea de la dependencia externa en sectores estratégicos como la energía, los microchips y la defensa, pero bajo un prisma que el propio Sánchez define como «verde y social».
El encuentro, celebrado en un contexto de incertidumbre por el regreso de políticas proteccionistas en EE. UU. y la pujanza de China, ha servido para asentar las bases de lo que será la hoja de ruta de la Comisión Europea para el resto del año. La idea central es clara: Europa no puede ser competitiva si no es soberana.
Los datos de la nueva industria europea
Para lograr esta soberanía, Sánchez ha propuesto a Costa la creación de un nuevo Fondo de Soberanía financiado con deuda común, siguiendo el modelo de los fondos Next Generation. Los datos técnicos respaldan esta necesidad: Europa todavía importa el 80% de sus componentes tecnológicos críticos.
Autonomía energética: Acelerar la interconexión eléctrica y de hidrógeno verde para dejar de depender de los precios del gas internacional.
Reindustrialización: Atraer de vuelta fábricas de baterías y semiconductores mediante incentivos fiscales coordinados entre los 27, evitando la competencia desleal interna.
Defensa común: Unificar las compras de armamento para optimizar el gasto de los estados miembros.
Sin embargo, este plan de «Soberanía Competitiva» se enfrenta a la resistencia de los países del norte, liderados por Alemania, que temen que esta soberanía se convierta en un proteccionismo encubierto que dañe sus exportaciones. Sánchez y Costa, aliados naturales en el Consejo, intentan liderar un bloque mediterráneo que defienda que la competitividad no puede lograrse a costa de los derechos sociales o de la transición ecológica, sino precisamente gracias a ellos.




