
La organización de Santiago Abascal atraviesa uno de sus momentos más críticos en su principal feudo electoral: la Región de Murcia. La dirección regional de Vox ha dimitido en bloque este viernes, en una maniobra de guerrilla interna diseñada para forzar la salida inmediata de su presidente provincial, José Ángel Antelo, quien también fuera vicepresidente del Gobierno regional hasta la ruptura de los pactos de verano.
Los nombres de los dimisionarios —entre los que se encuentran vocales, secretarios y cuadros medios del partido— apuntan a un agotamiento con el modelo de gestión personalista de Antelo. La crisis no es solo una cuestión de nombres, sino de estrategia: una parte importante de la base murciana de Vox considera que la salida del Gobierno de Fernando López Miras fue un error táctico que les ha condenado a la irrelevancia institucional.
Una organización en descomposición territorial
Murcia siempre fue el laboratorio de éxito de Vox, llegando a ser la fuerza más votada en las generales de 2019. Sin embargo, los datos actuales muestran una organización fracturada. La dimisión colectiva obliga a Madrid a intervenir y nombrar una gestora, lo que supone perder el control democrático de la delegación más importante del partido.
Los críticos acusan a Antelo de haber purgado a cualquier voz disidente y de seguir ciegamente las órdenes de Bambú (la sede nacional en Madrid) sin tener en cuenta la realidad agraria y social de Murcia. Esta crisis interna se suma a los malos resultados en las últimas encuestas y al creciente malestar de sus votantes, que ven cómo las disputas por el poder interno sustituyen a la defensa de sus intereses en la Asamblea Regional. El futuro de Vox en su «fortaleza» murciana queda ahora en manos de una intervención directa desde Madrid que difícilmente podrá coser las heridas abiertas.



