Vox: un partido de extrema ridiculez

Recientemente nos hemos enterado de que el partido de Santiago Abascal ha sido financiado por un grupo terrorista definido por el Departamento de Estado de EEUU como islámico, marxista y feminista.

Santiago Abascal vende su partido como anti-inmigración islámica, sin embargo, está financiado por terroristas islámicos.

Otro de sus supuestos puntales son sus principios económicos neo-liberales y la lucha contra el marxismo pero ha sido financiado por marxistas hostiles a Teherán.

Y lo más disparatado de todo es que, además, estos terroristas incorporan dentro de su propia estructura lo que llamaría Abascal «lobbies feministas» iraníes.

Además, este grupo iraní acumula cerca de 30.000 asesinatos terroristas, lo que debería causar cierta empatía a Santiago Abascal, que tanto hace propaganda de lo supuestamente mal que lo pasó él cuando ETA existía, y se victimiza con ello.

Nada ha ocurrido tan delirante en la política española como la entrada de Vox en el mercado electoral, tras enterarnos de que la formación ultraderechista se creó justo un día después de que Santiago Abascal se quedara sin trabajo en el chiringuito que le había montado la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en el cual cobraba 80.000 euros (más que el presidente), sin que se le conozca ninguna otra actividad.

Un chiringuito, además, a cargo de una autonomía que su partido dice querer eliminar, aunque no haya tenido ningún problema en pactar hace unos días una política para la comunidad autónoma de Andalucía.

Así es como Vox se constituye como el chiringuito del extremo ridículo:

– Antifeminsita con dinero feminista.
– Anti-marxista con dinero marxista.
– Anti-islam con dinero de integristas islámicos.
– Anti-autonomías con un líder que ha vivido del dinero de las comunidades autónomas toda su vida.

¿Cuanto más bajo puede caer la política española?

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