
La actualidad de este mes también está marcada por la ofensiva de Vox, con la complicidad necesaria del PP, contra cualquier rastro de diversidad cultural. En los ayuntamientos donde gobiernan, las concejalías de cultura se han transformado en comisariados políticos. Este febrero se ha denunciado la cancelación de más de una decena de obras de teatro y actos literarios bajo criterios de «moralidad» que recuerdan a épocas oscuras de la historia de España. El sentimiento entre las trabajadoras del sector cultural es de una asfixia constante; la censura ya no es solo económica, sino que busca el borrado directo de las identidades disidentes y de la memoria histórica.
Denunciamos que esta «guerra cultural» es la cortina de humo perfecta para ocultar su incapacidad de gestión. Mientras se dedican a retirar banderas y prohibir libros que hablen de los derechos de las mujeres, las listas de espera en los servicios sociales se disparan bajo la gestión del Partido Popular. La extrema derecha marca el paso y el PP lo sigue sumiso, demostrando que no hay diferencia real entre ambos cuando se trata de pisotear las libertades civiles. Esta deriva autoritaria busca fracturar la convivencia y señalar a las trabajadoras como enemigas si no se pliegan a sus dogmas reaccionarios, un juego peligroso que solo busca perpetuar el poder de las élites más rancias del país.
Vox ha convertido las concejalías de cultura en tribunales de la inquisición moderna, prohibiendo obras de teatro y retirando fondos a festivales que no encajan en su visión estrecha y excluyente de España. Lo más preocupante es cómo el Partido Popular ha aceptado este rodillo ideológico a cambio de mantener sus sillones de poder. El sentimiento de las trabajadoras del mundo de las artes es de una asfixia constante; la creatividad y el pensamiento crítico son perseguidos mientras se financian eventos que ensalzan una visión histórica sesgada y nostálgica




