
Las elecciones locales y regionales celebradas el pasado 7 de mayo han transformado el mapa político del Reino Unido, abriendo una crisis territorial sin precedentes. Por primera vez desde que se implantó el sistema de devolución de competencias en 1999, las cuatro naciones del país están lideradas por formaciones de corte nacionalista, evidenciando una profunda fractura social y política. Mientras las fuerzas independentistas consolidan su poder en las regiones celtas, el discurso radical de Nigel Farage se sitúa en cabeza en territorio inglés.
Escocia: el debate sobre la independencia regresa al Parlamento
El Partido Nacional Escocés (SNP), bajo la dirección de John Swinney, ha encadenado su quinta victoria consecutiva al hacerse con 58 de los 129 escaños del Parlamento de Holyrood. Aunque se ve obligado a gobernar en minoría al quedar a siete asientos de la mayoría absoluta, el apoyo de los siete diputados del Partito Verde —también de corte independentista— le garantiza el control de la cámara para impulsar sus planes soberanistas.
Swinney ya ha anunciado su intención de someter a votación de inmediato una resolución para exigir a Westminster la transferencia de las competencias que permitan convocar un nuevo referéndum de independencia, con el objetivo de celebrarlo antes de 2028. No obstante, el Ejecutivo de Londres mantiene una postura firme de rechazo, amparado en la sentencia del Tribunal Supremo de 2022 que impide a Edimburgo legislar de forma unilateral sobre la unión. Por su parte, el laborismo escocés ha firmado el peor resultado de su historia, empatando en la segunda plaza con Reform UK (17 escaños), que irrumpe con fuerza en el territorio.
Gales: vuelco histórico con el triunfo de Plaid Cymru
El resultado más inesperado de la jornada electoral se ha vivido en Gales, donde el nacionalismo de izquierdas de Plaid Cymru ha quebrado un siglo de hegemonia laborista ininterrumpida desde 1922. La formación liderada por Rhun ap Iorwerth se ha convertido en la primera fuerza del Senedd al lograr 43 de los 96 escaños.
La debacle del Partido Laborista ha sido de tal magnitud que la primera ministra saliente, Eluned Morgan, ha perdido su propio escaño parlamentario. Ante este escenario, Ap Iorwerth ha asumido el cargo de primer ministro al frente de un gobierno en minoría, apoyado por los ecologistas y beneficiado por la abstención laborista. Mientras tanto, el partido de extrema derecha Reform UK ha capitalizado parte del descontento social, pasando de no tener representación a sumar 34 diputados para consolidarse como el principal grupo de la oposición.
Irlanda del Norte: el republicanismo se asienta en Stormont
En Irlanda del Norte se ha ratificado el cambio de tendencia iniciado hace cuatro años. El Sinn Féin, partidario de la unificación de la isla, se mantiene como la fuerza mayoritaria en la Asamblea de Stormont con 27 escaños, por delante de los 25 del Partido Unionista Democrático (DUP).
Bajo las estrictas normas del Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que obligan a un gobierno compartido entre las comunidades católica y protestante, Michelle O’Neill ejerce como primera ministra tras dos años de bloqueo institucional por parte de los unionistas debido a las disputas aduaneras del Brexit. El avance del republicanismo se ve respaldado por encuestas recientes que sitúan el apoyo a una Irlanda unida dentro de la Unión Europea en un 59% en la República de Irlanda y en un 63% en el Norte, lo que lleva a la líder del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, a fijar el horizonte de una consulta de reunificación antes de 2030.
Inglaterra: la corriente radical de Nigel Farage desbanca a los laboristas
El panorama en Inglaterra muestra una dinámica inversa, donde el descontento se ha canalizado a través de la extrema derecha. Reform UK, el proyecto político capitaneado por Nigel Farage, lidera los sondeos de intención de voto a nivel nacional con un 28%, aventajando en once puntos a los conservadores y relegando al Partido Laborista a la cuarta posición en las encuestas de institutos como YouGov.
El discurso de Farage, centrado en catalogar la inmigración como una «emergencia nacional» y en proponer medidas punitivas severas, ha calado con fuerza en el electorado inglés, especialmente entre los mayores de 50 años. Su programa, denominado ‘Operación Restablecer la Justicia’, incluye la creación de un cuerpo policial especializado en expulsiones, la revisión de solicitudes de asilo previas y la salida del Convenio Europeo de Derechos Humanos, estimando un objetivo de deportaciones que afectaría a cerca de dos millones de personas. Esta situación agrava la crisis del Partido Laborista de Keir Starmer, envuelto en fuertes disputas internas tras el retroceso electoral sufrido apenas 22 meses después de lograr Downing Street.



