
Evitar que España pueda no ya decidir sino siquiera plantear un debate sobre la perpetuación de la Monarquía o el paso a una República fue el verdadero objetivo de la abdicación del rey emérito Juan Carlos de Borbón, quien solicitó los servicios del expresidente José María Aznar para planificarla desde un año antes de producirse con el conocimiento del entonces líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.




